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Juegos, inocentes juegos, de Ricardo Gómez

04 marzo 2014

Sebastian, sin tilde en la "a", es un joven de dieciséis años tímido y algo introvertido. Marcado por la ausencia de su padre y por la muerte de su hermana, ve en los videojuegos un magnífico refugio. Pese a lo que pueda parecer, es un chico bueno, honesto, amigo de sus amigos y que quiere, por encima de todas las cosas, a su madre, a quien se siente injustamente atado, pero sin la que no podría vivir.

Su afición a los juegos le ha llevado a ganar dinero: prueba nuevos productos, casi todos videojuegos militares, y recibe una suma por cada partida en la que sale victorioso. Digamos que hay dos "Sebastian", el real y el virtual. Sin embargo, lo que el protagonista no sabe es que su álter ego que pilota aviones y dispara mata en realidad, es decir, que lo suyo son más que juegos.

Y esta es la principal baza de la novela con la que Ricardo Gómez se alzó con el XIII Premio Alandar: el lector conoce lo que hay tras la pantalla, sabe que Sebastian está matando a personas inocentes, y eso es lo interesante, pensar qué haría el protagonista si lo supiera, ver cómo su vida, la de un chico normal y corriente sigue su curso, mientras que a miles de kilómetros la gente es asesinada impunemente, porque sí.

En el libro, por un lado tenemos a Sebastian, que nos cuenta directamente cómo se introdujo en el mundo virtual y cómo son su familia y amigos. Por otro lado, tenemos a un narrador en tercera persona que nos sitúa en la base militar, desde donde controlan los movimientos del personaje principal y le envían misiones haciéndolas pasar por juegos normales y corrientes. En tercera persona conocemos también al poblado que está siendo atacado. Estos últimos capítulos, aunque son iguales de breves que los otros, están señalados además, con otra tipografía, una letra cursiva.

Sin duda el planteamiento es llamativo, es una trama que da que pensar, y que a mí me ha recordado mucho a El juego de Ender, de Orson Scott Card, pues ambas obras guardan una gran similitud, por eso, aunque es original, no me ha sorprendido tanto como cabría esperar.

La novela está bien escrita, y las páginas se pasan volando; es ágil a pesar de sus diálogos en estilo indirecto, y no cuenta con un final al uso, pero resulta muy coherente, es un "desenlace" perfecto que invita aún más a reflexionar. Juegos, inocentes juegos es un libro recomendable, muy interesante para trabajar en clase con alumnos a partir de los catorce años.

Por cierto, otro premio Edelvives que me gustó y me sorprendió fue El juramento de los Centenera, de Lydia Carreras de Sosa, libro que leí en 2009, y que aún recuerdo. 

Ondina, de Benjamin Lacombe

15 octubre 2013

El príncipe Herr Hans de Ringstetten se ha perdido en la Selva Negra, un bosque oscuro y maldito, según cuentan. Pero el joven noble tiene la fortuna de encontrar al viejo Ulrich, quien le ofrece su humilde hogar para pasar la noche. 

Es así como conoce a Ondina, la hija adoptiva de Ulrich, una chica rebelde y un tanto maleducada de la que Hans queda prendado al instante. Esa misma noche, en plena tormenta, la chica se enfada y sale a la intemperie, siendo el príncipe quien la rescata de una muerte segura. Es ahí cuando ella también cae rendida a los pies de él.

Los jóvenes enamorados se casarán, pero todo cambiará cuando Ondina le confiese a Hans que en realidad es un espíritu del agua, y se marchen a vivir al castillo del joven, donde aguarda Úrsula, enamorada también del noble y quien hará lo imposible por destruir la relación.

Benjamin Lacombe guioniza, además de ilustra, Ondina, una libre adaptación de un cuento y de una obra teatral sobre las bellas ninfas acuáticas de la mitología griega.

Una vez más, el autor francés me ha enamorado. Esta obra es la más cuidada que he visto, es una auténtica joya. Es de esos libros a los que ni siquiera me atrevo a ponerles mi nombre, de los que paso cada página con infinito cuidado por temor a estropearlo.

Sin embargo, en esta ocasión, a diferencia de la otra, he echado de menos un mayor desarrollo de la historia. Creo que se dan unos saltos temporales importantes, y quizá se podría haber dado más relevancia al texto, haberlo trabajado un poco más. 

En cuanto a los dibujos, ¿qué puedo decir? Me han encantado. Los rostros pálidos de sus personajes siempre son muy expresivos. Destacan los ojos de cada uno de ellos, esos ojos grandes, algo saltones. Otro aspecto que me ha llamado mucho la atención en esta ocasión es el largo y pelirrojísimo cabello de la protagonista, de Ondina. ¡Cómo atrapa a Hans, literalmente! Por supuesto, el aire tétrico vuelve a estar presente: los dibujos son de una carga dramática importante, son melancólicos, tristes, incluso. 

Y qué edición la de Edelvives, como comentaba, una preciosidad. La historia se presenta en un formato más bien rectangular, con unas llamativas cubierta y contracubierta de tapas duras con unas preciosas hojas de cortesía en tonos azules cuyos dibujos forman olas por una de las caras, mientras que por la otra ya empieza el mito, que para nada se hace de rogar. Qué maravilla de portada: en una hoja semitransparente y en tonos grisáceos aparece un primer plano del rostro de Ondina cuyo pelo cae como si fuese una cascada de agua cubriendo el bosque encantado. Las páginas como esta, similares a las de calco pero de mayor grosor, se intercalan con las hojas normales a lo largo de toda la obra.

En definitiva, es un libro delicioso para el paladar que sabe a muy poco, por lo sencilla que resulta la trama y la falta de un mayor desarrollo, pero también es maravilloso al tacto y, sobre todo, es precioso a la vista. En pocas palabras, todo un amor de historia.

Maldita seas, Casey

14 mayo 2013

La amistad implica valor, a veces mucho valor. De eso, de la amistad habla Deborah Ellis en Maldita seas, Casey.

Jess y Casey son uña y carne, inseparables. En realidad no se parecen demasiado, pero eso es lo de menos. Este año, como en veranos anteriores, las dos son monitoras en un campamento. Sin embargo, en esta ocasión ocurrirá algo que cambiará todo y supondrá un punto y aparte en su relación. Y es que Stephanie,
una de las niñas que tienen a su cargo, malcriada donde no las haya, desaparecerá y poco después será hallada muerta en el tronco hueco de un viejo árbol.

La principal sospechosa del crimen es Casey, que es detenida y encarcelada ante la impasible mirada del pequeño pueblo donde vive. La amistad de las protagonistas será puesta a prueba, pues en las manos de Jess está salvar a la chica pero, ¿lo hará?

La historia la cuenta la propia Jess un tiempo después de haber sucedido todo, aunque también hay algunas cartas que Cassey le escribe a su amiga mientras está en la cárcel. Ni la una ni la otra se detiene mucho en las descripciones de otros personajes o de los escenarios. 

En esta breve obra, que se lee en un suspiro, se profundiza en los aspectos oscuros del ser humano: estamos ante el crimen de una niña de ocho años del que se culpa a una adolescente de apenas diecisiete. Es un tema peliagudo, cuanto menos, pero Ellis lo trata con delicadeza sin caer en lo macabro.

La única pega es la resolución del crimen, predecible por otro lado. En este caso da la impresión de que la autora ha tomado el camino fácil, aunque aun así, el desenlace abierto, pues el libro va un poquito más allá del cierre del caso, es perfecto, precisamente porque se mantiene ese realismo presente en las páginas previas.

Maldita seas, Casey es una novela negra juvenil, que también gustará al público adulto aficionado a este tipo de historias. Es un entretenido, aunque duro libro, nada superficial, que incomodará al lector, quien sentirá curiosidad por saber cómo se soluciona el caso, pero que también sentirá impotencia ante los hechos que sucederán ante sus ojos: la hipocresía, los prejuicios… desfilan por sus páginas. 

El ruiseñor

13 noviembre 2012

Es uno de esos libros de "mírame y no me toques". Desde hace unas semanas mi estantería alberga la primera, espero de muchas, obra ilustrada por Benjamin Lacombe. Él pone el dibujo y Sébastien Perez, también de origen francés, el texto en el álbum Ruiseñor.


Cuando cada uno de los niños del campamento recibe un trozo de papel decorativo, procedente de una de las paredes de la mansión en la que se alojan, con un breve poema sobre ellos escrito en el reverso, todos jugarán a ser detectives y tratarán de averiguar quién se esconde tras las poesías. Les ayudará en tan difícil tarea el único adulto: Don Jacobo, el intendente.

El autor de los versos parece ser alguien que los conoce muy bien: una pequeña persona, grande de corazón eso sí, que se siente sola y ve en las palabras, que tan bien conoce, el vehículo perfecto para dar rienda suelta a sus sentimientos. Primero, pondrá sus emociones por escrito, pero después, llegado el momento y una vez superada la timidez, decidirá ponerles voz ¡y qué voz! Él es el Ruiseñor.

Los tonos empleados en las ilustraciones ayudan a situarse en la época en la que se ambienta la historia, los años cincuenta. Son colores apagados, melancólicos, que se mantienen hasta el rojo de gran fuerza del final, cuando se conoce la identidad del misterioso emisor. El olor a tinta y a papel también ayudan a evocar otra época. 

El libro, de tapas duras y formato rectangular tamaño folio, es una cortísima aunque muy emotiva historia sobre el valor de la amistad. Además, la pequeña obra incluye una serie de desplegables tras los cuales se esconde el misterioso poeta. Y es que, el lector también será uno más de la pandilla de niños detectives y deberá descubrir quién se oculta tras los versos: una persona que siempre ha estado ahí pero que necesita que otras se fijen en él para dejar de sentirse invisible. Resulta complicado, sin duda, encontrar nuestro lugar en el mundo, lo especial que hay dentro de cada uno de nosotros, y para hacerlo es necesario contar con el apoyo de los que nos rodean.

Hay cierto equilibrio entre el texto y las ilustraciones. El primero es breve y tiene un toque humorístico especial. Resulta esencial para entender lo que sucede en cada dibujo. En cuanto a los últimos, estos son, sencillamente, espectaculares: atrapan al lector y hacen que vuelva a abrir el libro una vez terminado.

El texto se haya integrado a la perfección en los dibujos, tan solo en una página las palabras, al estar sobre un fondo más oscuro y ser de color negro, no se leen muy bien. Es el único pero que encuentro a la última obra conjunta de ambos autores franceses.

El estilo tan, tan peculiar de Lacombe me ha conquistado: sus tétricos dibujos, una rara mezcla de tristeza y alegría, son magníficos. La historia de Perez también merece mucho la pena, aunque el gran peso recaiga en los dibujos.

Como era de esperar, repetiré porque las palabras de uno y las ilustraciones del otro forman una pareja perfecta. ¿Habéis leído algo de ambos? Espero vuestras recomendaciones. Saludos, devorador@s.

Agradecimientos Edelvives

Unos agentes especiales

09 mayo 2012

Sabéis que leo de todo y para todo tipo de públicos. No me importa si es un libro para pequeños, medianos o grandes. Sin embargo, con esos que se encuentran a medio camino entre lo infantil y lo juvenil, a pesar de que no soy amiga de las "etiquetas", siempre voy con pies de plomo. La sensación que me despiertan este tipo de obras no es la misma que la que podrían haberme dejado de haberlas leído con otra edad. Hay veces que ni siquiera lo noto, pero otras sí. Esto es algo que procuro tenerlo en cuenta siempre que me embarco en una de esas lecturas. Es lo que me ha ocurrido con los dos primeros libros de la serie La Asociación.


El primero de ellos es La pálida luz de las tinieblas y lo firma Eirk L´Homme. Jasper es un muchacho tímido al que le chifla el color negro, el rock, los libros y Ombe, su compañera de batallas de la que apenas sabe más que su nombre. Es una de las múltiples reglas de la Asociación: "El agente mantendrá en secreto la naturaleza de su trabajo".

Por cierto, casi se me olvida lo más importante: a Jasper también le apasionan las hierbas, las piedras, los metales... en definitiva, la magia. Por eso, por ser un todoterreno en este campo, lo reclutaron desde la Asociación. Una institución, más bien, que lucha por mantener la convivencia entre los humanos y seres tales como troles, hombres lobo, duendes, demonios, necrófagos... Lo normal, vamos. Jasper se une a ellos gracias a su mágico don, es un Paranormal, para luchar contra los anómalos, así se llaman, que se rebelan contra las normas establecidas y quieren hacer el mal. Ahí es nada.

En este libro el joven, aún en prácticas, recibirá su primera misión seria: desmantelar una peligrosa red de vampiros narcotraficantes. Se ve que la sangre ya no les es suficiente. El chico lo tendrá algo difícil para resolver el problema, por llamarlo de alguna forma, pero nada que no pueda solucionarse con unas cuantas palabrejas en élfico. Sí, el chico también sabe hablar en otras lenguas y hablar, habla hasta por los codos. ¡No calla ni bajo agua!

Y es que, el libro está narrado en primera persona y en tiempo presente. Parece que todos los de la serie, en un principio ocho, seguirán esta forma de contar los hechos. Al menos, el segundo sigue ese modelo. ¿Su título? Los oscuros límites de la magia. Lo firma esta vez Pierre Bottero.

Como leéis es una historia a cuatro manos, ocho libros repartidos entre dos autores, cuatro para cada uno, pero en 2009 uno de ellos, Bottero, falleció desgraciadamente en un accidente de tráfico. La serie hubiera quedado a medias de no ser por su compañero de letras, que quiso acabar aquello que con cariño habían comenzado juntos. 

El segundo libro sigue el estilo del primero, son casi iguales en este sentido, aunque el personaje principal cambia, eso sí. Ahora el relevo lo toma la chica, Ombe. Ella es fuerte, atrevida y casi irrompible. Ese es el don que le ayudará a proteger a una criatura súper longeva que corre peligro.

Ombe, no lo he podido evitar, me ha recordado al personaje de Claire en la serie norteamericana "Héroes". No es el único parecido que he encontrado pues los protagonistas, al igual que en ella, son perseguidos por alguien que tiene sumo interés en sus poderes y que es mucho más peligroso que cualquier Anómalo.

Por cierto que, ambas misiones transcurren al mismo tiempo, como se comprueba al leer la segunda parte. No hay amor en sus páginas, hay más bien aventuras, pero seguro que pronto lo habrá porque los protagonistas tienen más en común de lo que puedan pensar: ambos buscan su lugar en el mundo, se están conociendo a sí mismos.

Los libros están muy bien escritos. Esperaba un lenguaje más sencillo y lo cierto es que, aunque no es complejo, no es tan simple como creía. Los personajes no están mal, aunque me quedo con Jasper antes que con Ombe, tiene más gracia.

Ninguno de los dos libros llega a las doscientas páginas y tienen ritmo aunque, bajo mi punto de vista, a las acciones les falta "chispa". A la trama, aunque es hasta cierto punto original,  le falta vida, emoción. No es una historia que enganche, es muy predecible, pero sí se deja leer muy bien. En menos de lo que te hayas dado cuenta la habrás terminado.

Como veis, tengo sentimientos encontrados, aunque estoy segura que de haberla leído con doce años, a partir de los que está recomendada, o menos, incluso, me hubiese dejado un mejor sabor de boca. ¡Saludos, devorador@s!

Agradecimientos Edelvives

Ele de Letras - Fernando Alcalá

01 febrero 2011


Lo vi por vez primera en el espacio Be Literature y desde entonces quise hacerme con él. Me atraía no solo la historia también, y sobre todo, su título en latín. ¿Quién dijo que esta lengua estaba muerta? Ele de Letras para Fernando Alcalá y su libro Ne obliviscaris.

Nos situamos en la isla de Bran en el mar del Norte. Allí, en lo más alto, se encuentra un exclusivo internado de chicos y chicas. Conocemos a Ash, Rudy, Maya y a dos estudiantes franceses llamados Arnaud y Charlotte.

Serán nuestros personajes principales aunque destaca por encima de ellos, casi sin quererlo, el primero, el alumno “nuevo” que se convertirá pronto en el mejor amigo del segundo, del “gracioso” de clase. Maya no se queda atrás, no es buena estudiante y como imagináis es la chica “popular”. Por último, la pareja llegada del país de las crêpes resultará al lector todo un “misterio”.

Pero, ¿por qué te ha parecido original si los personajes no parecen serlo? Simple respuesta devoradores. Tres de los protagonistas descubrirán pronto que en su colegio manda el Olvido. Y es que una tormenta, en la que la luna juega un papel esencial, se encarga de transformar los rumores en realidad pero, todos sabemos que un rumor dura nada y menos, hasta que otro más interesante ocupa su lugar. 

Así pues, se crean, se transforman, y al cabo del tiempo, cuando llega la noche, momento en que las personas duermen y dejan de alimentarlos con sus comentarios, desaparecen. Mal asunto pues, si formas parte de ese rumor porque al día siguiente de haberlo protagonizado, te habrás esfumado con él y los demás, tus compañeros, no te recordarán pues el Olvido también se lleva los recuerdos.

Arnaud y Charlotte saben más del fenómeno de lo que aparentan aunque, ¿estarán dispuestos a ayudar a Maya, Rudy y Ash? 

Está bien escrita y la historia resulta interesante aunque la explicación del fenómeno, de la tormenta, no me quedó muy clara y tuve que releer esa parte. Si bien los personajes no están muy definidos y no son "frescos" esto no es algo, bajo mi punto de vista, negativo ya que la chicha, dicho así, reside en el misterio de la isla.

Además del inmenso poder de las palabras, tanto para bien como para mal, también está presente en cada página el valor de la amistad y la confianza. 

Os dejo, como es habitual en esta sección del blog, con una pequeña entrevista. Un millón de gracias a Fernando por su amabilidad y atención. Desde aquí le deseo toda la suerte del mundo y más.

Entrevista Fernando Alcalá - Ne obliviscaris

-Conociendo al escritor, se comprenden mejor sus escritos. Cuéntanos algo sobre ti.

La verdad es que no sabría por dónde empezar. No porque haya mucho que contar sino precisamente por lo contrario. Me gusta más que mis libros hablen por mí, que soy profesor y me paso el día echando sermones a mis alumnos. Pero, bueno, lo básico es que me llamo Fernando Alcalá, tengo 30 años y por el día soy profesor de inglés en un instituto, aunque, para qué engañarnos, cuando más cómodo me encuentro (aparte de cuando estoy en el sofá con mi novia haciéndole un masaje) es cuando estoy con un libro o un cuaderno y un bolígrafo.

-Como buen devorador de libros que serás, ¿cuáles son aquellas obras que tienen un lugar especial en tu biblioteca?

Pues mi libro preferido es Olvidado rey Gudú, de Ana maría Matute. La leí por primera vez a los dieciséis años y que después he releído un par de veces más. Siento que crece conmigo, porque cada vez que la leo descubro cosas nuevas y cada lectura es diferente. No sería escritor si los libros de Ana María Matute no se hubieran cruzado conmigo.

-“Ne obliviscaris” es una novela para jóvenes en la que la magia, de un modo u otro, está presente. ¿Cómo se te ocurrió la historia? ¿Cuáles fueron tus fuentes de inspiración?

Por extraño que pueda parecer (aunque yo no lo creo), la idea vino cuando jugaba a un RPG de la Play. El Persona 2. En él, había una sección donde se podían comprar rumores y, por un módico precio, lograbas hacerlos realidad. Aquello me encantó: ¡rumores que se hacían realidad! Y supe que tenía que escribir una historia en la que eso ocurriera.

-¿Qué crees que aporta  “Ne obliviscaris” a ese gran y diverso mercado literario?

Yo creo que es una novela diferente que, si bien toma elementos característicos del género, se aleja un poco de los cánones. Sobre todo porque, por ejemplo, siempre me ha pasado que cuando leo una novela fantástica que se desarrolla en torno a un misterio, los personajes parecen meros peones al servicio de la trama y me quedo un poco vacío al terminarla porque, sí, vale, la trama se resuelve pero me he quedado sin saber lo que más me importa: cómo se sienten los personajes ante todo lo que ocurre, por qué hacen lo que hacen, por qué no hacen lo que yo creo que deberían, qué hay detrás de ellos… eso es lo que más me importa en una novela y es lo que he querido darle a Ne obliviscaris. ¡Espero haberlo conseguido!

-Hasta darle vida a las palabras y verlas publicadas habrás recorrido un largo camino. ¿Cómo ha sido?

¡Tú lo has dicho! Ha sido largo. Terminé el primer borrador de la novela en el 2008 y, ya ves, no ha sido publicado hasta finales del 2010. Lo que ocurre es que ya había escrito otras novelas antes y ya sabía que no iba a ser fácil. Aunque eso no quitara que, con asiduidad, le escribiera correos histéricos a mi agente preguntándole si se sabía algo. Todo esto de la publicación es, sobre todo, un ejercicio de paciencia.

-¿Qué le dirías a aquellos que quieren publicar sus escritos?

Que lean. Pero que lo lean todo: desde novelas sesudas, pasando por los clásicos, hasta lo más actual, la revista Cuore y la caja de los cereales. No hay mejor manera de mejorar en la escritura que leyendo. Es como más se aprende. Y que tengan paciencia y crean en sí mismos (pero que no se crean perfectos, la perfección no es posible y siempre tendremos algo que mejorar). Que sigan levantándose cada vez que se caigan pero que nunca dejen de leer ni de escribir. Es el único camino.

-¿Podrías enviar un saludo a aquellos devoradores que estén leyendo estas líneas?

¡Claro! Me hace mucha ilusión poder participar de todo esto y acercarme un poco a todo aquel que quiera leerme. Si hay algo bonito de esta mezcla de Internet y Literatura es que, autores y lectores, estamos más cerca. También quería aprovechar para darte las gracias, Marina, por interesarte por mi novela. ¡Un abrazo muy fuerte para todos los devoradores de libros! ¡Que no decaiga la tinta!
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¡Espero que os haya gustado! ¡Hasta la próxima!