La semilla de la bruja, de Margaret Atwood

08 marzo 2018

Félix es un famoso y excéntrico director teatral viudo que pierde a su pequeña hija, llamada Miranda, de 3 años, de forma repentina. Este trágico suceso lo sume en una depresión, un momento de debilidad es aprovechado por su mano derecha para hacerse con su codiciado puesto.

Así es como Felix, de la noche a la mañana, ve cómo su vida cambia por completo. Relegado a un tercer plano por su persona de confianza, cambia de identidad, pasa a llamarse señor Duke, y se recluye en una casa perdida en medio de la nada.

Allí, en soledad, va alimentando, poco a poco, su deseo de venganza, hasta que encuentra la ocasión perfecta para desarrollarla. Su nuevo empleo, profesor teatral en una prisión, le brinda la oportunidad ideal para desquitarse con su socio y aquellos que hicieron que perdiera su prestigio. La obra elegida para llevar a cabo su revancha es La Tempestad, basada en la obra de William Shakespeare, la misma que iba a estrenar justo cuando fue despedido.

Este es el tormentoso argumento de la última novela de la escritora inicio en las lecturas conjuntas de Soy Yincanera. Esta inusual novela se enmarca en el proyecto Hogarth Shakespeare, de Penguin Random House. Este proyecto está conformado por un total de ocho modernas novelas, todas con base shakesperiana. Sin duda, esta es una forma original de celebrar el 400 aniversario del escritor.

Uno puede plantearse si es necesario, en el caso concreto de La semilla de la bruja, haber leído la obra original de Shakespeare para entenderla mejor. En mi opinión, creo que haberlo hecho ayuda, y mucho, aunque la novela de Atwood incluye un breve resumen para evitar que el lector se pierda.

Confieso que este es el primer libro de Atwood que leo, y me ha decepcionado. Esta es la historia de una venganza de la que uno, por el transcurso de los acontecimientos, espera más. Aunque se lee muy fácilmente, creo que más que una novela en sí, es un comentario de texto de la obra teatral original; tal es la disección que hace la escritora de la pieza de Shakespeare. Este hecho resulta más que evidente cuando, hacia el final, los diferentes presos-actores elucubran sobre qué les ocurría en el futuro, más allá del punto final, a los personajes a los que habían dado vida, inventando para ellos otro destino, profundizando, aún más, en este sentido.

Y es que hay partes, como la mencionada, que me han resultado tediosas, en las que pasaba las páginas sin prestar demasiada atención. Es el caso de los raps que inventan los presos. Encontramos una obra dentro de otra, porque Félix interpreta la obra de La tempestad por un lado, y los diferentes presos por otro, como se explica. Al hilo de este asunto, he de añadir que los prisioneros no me han resultado creíbles; resulta difícil imaginárselos expresándose como se expresan y comportándose de tal modo.

Este es uno de los hechos que hace que la historia, aunque se sitúa en el año 2013, parezca ambientada, más bien, en una época anterior.

Volviendo a los personajes, no hay ningún personaje realmente malo, si bien es cierto que la mano derecha de Félix despierta pronto la desconfianza, no da lugar a sentimientos más fuertes. Tampoco el esperpéntico protagonista, por quien al principio sentí cierta empatía, ha logrado cautivarme. Él mismo se describe como un ser insoportable, y lo cierto es que es teatral hasta decir basta. En cuanto a los caracteres femeninos, aunque hay uno que destaca sobremanera, parece que van a ser más importantes de lo que al final lo son. Y es que en el precipitado desenlace tiene cabida de todo, hasta ese amor a primera vista que tan poco me gusta.

Creo que la revisión que hace Atwood de la obra de Shakespeare es inteligente, pero no interesante. Me explico, la revisión que hace del clásico, que analiza por completo, es muy aguda, pero no logra enganchar al lector. La venganza, el motor de esta historia, resulta ser un plato frío, pero insípido.

Sí me ha gustado el elemento mágico de la obra, ese componente que, sin desvelar demasiado, pone en duda la cordura del personaje principal y también del lector. También los juegos de palabras que Félix propone a sus aventajados alumnos, y que le da un ligero toque de humor a la obra.

Sin embargo, en términos generales, creo que le sobran páginas a la historia, que esta no termina nunca de arrancar. La sensación que he tenido durante casi toda la lectura ha sido la de que he empezado con Atwood por su obra más flojita y, también, por qué no decirlo, arriesgada, pues no todos se aventuran a reinventar un clásico de este modo, sea el resultado final más o menos acertado.


DATOS DEL LIBRO
Título: La semilla de la bruja, de Margaret Atwood
Editorial: PLumen
Año: 2018
ISBN: 9788426404404
Número de páginas: 329